La Croa de Posmarcos no es un sitio aislado. Forma parte de una densa red de asentamientos fortificados que, durante la Edad del Hierro, ocupaban sistemáticamente el macizo del Barbanza y su entorno. Esta península montañosa, encajada entre las rías de Arousa y de Muros y Noia, concentra una de las mayores densidades de castros de toda Galicia, lo que habla de la importancia estratégica y del dinamismo económico del territorio hace más de dos mil años.
Los castros que puedes visitar en el entorno permiten entender cómo funcionaba aquel mundo: el control visual entre unos y otros, la relación con la costa y los recursos marinos, las diferencias entre asentamientos costeros e interiores, la importancia del comercio atlántico. Cada uno de ellos aporta una pieza distinta del mismo mosaico.
Estos tres castros —Neixón, A Cidá y Baroña— son solo una selección. El Barbanza y sus comarcas limítrofes cuentan con decenas de asentamientos castreños documentados, muchos de ellos aún sin excavar, cada uno con su propia personalidad y cronología. Visitarlos en conjunto ayuda a entender algo fundamental: los castros nunca existieron aislados. Entre ellos había relaciones de vecindad, de competencia, de parentesco y de intercambio, y sus habitantes se movían por unos caminos que hoy apenas sabemos adivinar.
Si quieres profundizar más, la bibliografía académica sobre los castros galaicos es amplísima y sigue creciendo con cada nueva campaña de excavación, y muchos de estos sitios cuentan con puntos de información y paneles interpretativos en sus propios accesos.